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Inconcebible levedad

Recuerdo ese primer día soleado de enero, en aquel bote de color celeste con blanco, estábamos sentados uno frente al otro, con los remos hacia arriba.

Veía tanto el cielo que solo podía pensar en recostarme a tu lado y sentir la oleada debajo de mi cuerpo, calculaba la manera en la que podríamos estar cómodos con suficiente espacio para los dos, pero el agua reposaba entre nuestros pies y la madera.

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